Sí, tú, limón, caes en la herida cuando una gota de tu seco cuerpo
quiere salir y sentir vida, arrodillándose en piedras filosas, pidiendo botarte
de una vez, ¿Por qué será que aún quiere limonada de tu marchito fruto?, podrido
y sin sabor, le gusta echar azúcar y sentir su sabor.
No puede comprender, como llora y mira al cielo pidiendo un poco
de sabor, alejando de ella todo lo que la hizo ser lo que es, destruyendo lo
que es, y convirtiéndose en un armazón, corroído por el tiempo y sin color.
Una botella vieja con una canción, recordando el no
sentido de una
pasión, viviendo recuerdos transparentes de un corazón, traspasando nieblas,
con la acidez de tu pantalón.
Mira al alrededor y solo puede escuchar una canción, buscando la
sin razón a este mal entendido que aburre ya sin razón, que el no estar, se volvió
tan monótono y acostumbrado al placer de una relación, la conjunción entre dos
sabores, que se puede saborear como una situación.
Y sí, tienes una situación, destruida por el tiempo, ella se volvió
la verdura de tu sazón, que sirves de cuando en vez, para degustar el sabor del
no tentar a la razón mesclada con el corazón.
